La formación se está configurando como
uno de los factores más importantes de
desarrollo y mejora de los países y
sus ciudadanos. La formación genera crecimiento,
ocupación, madurez y oportunidades. La
expansión que la formación está teniendo en nuestro país, tanto la formación continua como
la formación ocupacional, se ve aumentada por las posibilidades que las Nuevas
Tecnologías de la Información y la Comunicación ofrecen. Una formación que
cambia el enfoque desde el formador hacia el alumno, desde el que enseña hacia
el que aprende, desde la formación sincrónica a la asincrónica.
La sociedad digital, el hogar digital, el teletrabajo son
realidades cada vez más
presentes, auspiciadas por el exponencial crecimiento del
número de ordenadores, de la reducción de sus precios, de los progresos en la
rapidez de procesamiento, así como de la imparable aparición de software que
permiten sacar más partido a los potentes ordenadores actuales.
Las demandas que se vienen haciendo para que los sistemas
de formación y educación se acomoden a las circunstancias cambiantes antes
enunciadas, están forzando a las instituciones formativas a pensar nuevas
formas de organización de los productos formativos.
En una clara acomodación a las demandas del mercado, cada
vez se pone más de manifiesto que la formación debe ser flexible, abierta,
adaptada a las posibilidades de espacios y de tiempos de los usuarios,
progresiva en los contenidos, actualizada en los medios y didácticamente
respetuosa con las características y condiciones del aprendizaje de los adultos.
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