Un porcentaje importante de la población ocupada presenta una falta de adecuación entre el nivel de estudios alcanzado y el requerido en el puesto de trabajo. A su vez, este desajuste educativo es más frecuente entre los jóvenes. En concreto, sólo un 49% del total tiene una formación adecuada para su puesto (un 32% está sobreeducado y un 19% infraeducado). Si además se obvian los estudiantes que únicamente han alcanzado la educación obligatoria, el porcentaje de población que está más formada de lo requerido en su empleo se dispara hasta más del 50%.
A pesar de lo que pueda parecer a primera vista, los hijos de padres con niveles educativos bajos son más propensos a experimentar sobreeducación en su primer empleo, es decir, están más formados de lo necesario. "La forma más eficaz de acceso al empleo son las influencias y los contactos familiares", señala Rahona. Así, las familias con progenitores con niveles de estudios avanzados acceden a su trabajo en circunstancias más ventajosas, lo que lleva a adecuar más sus características formativas a lo exigido en el puesto. Según el estudio, el hecho de que el padre tenga estudios superiores, sea director o gerente de empresa o Administración Pública, trabaje como técnico o administrativo, o sea un trabajador cualificado, aumenta enormemente la probabilidad de encontrar un trabajo acorde con lo estudiado.
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